MENU A ELEGIR

A primera vista parece ser lo más fácil de todo, probamos el menú, nos gusta y todo decidido, pero la realidad es que para acertar en un banquete, debemos de tener en cuenta muchos más aspectos.

Primordial es saber el perfil de nuestros invitados, sus gustos, sus expectativas, sus concepción de banquete de boda, y a partir de ahí, empezamos a trabajar en cubrir en primer lugar el no equivocarnos, en acertar con la mayoría, para posteriormente darles las pinceladas necesarias para sorprenderlos y superar sus iniciales aspiraciones de lo que va a ser tu celebración.

Aunque no debemos de perder de vista, que es nuestra boda, y no la de nuestros invitados, tampoco es cierto que debamos decidirla sólo en torno a nuestros deseos, dejando totalmente de lado el gusto de los asistentes, que al final son el escollo necesario para completar tú día más feliz y que todos quedemos satisfechos.

Para comenzar, siempre el aperitivo, lo que más nos gusta y nos apasiona en este país. No obstante tampoco debemos abusar de ello, pues todavía nos queda por detrás una larga jornada y un menú, que por lo general, debe de tener el suficiente gramaje como para comer por sí solo.

El aperitivo nos sirve para acompañar esas primeras copas de bienvenida, para abrirnos el apetito, y para saciar a ese porcentaje no mayoritario que no tiene suficiente sólo con la cena. Nos sirve de acordeón para enlazar con la comida, y aunque en la mayoría de los casos es de las partes de la celebración que más nos apetece, tampoco debemos alargarlo demasiado, pues quedamos bastante mal, cuando los platos principales se devuelven a la cocina prácticamente enteros. No sabemos si no gustan, si ya nos tenemos hambre, pero lo cierto es que deslucimos el banquete a su máxima expresión. El cálculo y porciones en gastronomía a aplicar, es prioritario para acertar con el menú.

Un buen menú comienza siempre con un primer plato que sorprenda, que cree expectativas, que prometa y que por supuesto esté bueno; el sabor en nuestros días es primordial, la exquisitez es el rey del siglo XXI.

El segundo plato debe ser producto, un buen pescado fresco, una buena carne, pero siempre calidad, su elección se limita a sota, caballo y rey y aquí nunca nos podemos equivocar; con carne acertaremos un 90% con la prioridad de la mayoría, con pescado un 70% y con aves aprobaremos de milagro.

El postre debe ser sensacional, la guinda del pastel. Con un menú más que bueno y un postre mediocre el resultado final será mediocre, en cambio con un buen menú y un postre increíble, tendremos una fantástica cena para recordar.

A partir de aquí podemos empezar con florituras, sorbetes, pre-postres, petit-four, pero todo esto tiene un gran inconveniente, que la cena se alargue, cuando la realidad nos constata que debemos de tender a acortar los tiempos de permanecer sentados en la cena, para evitar perder el ritmo de la fiesta, porque no nos olvidemos, estamos celebrando un fiesta, estamos celebrando tu boda.

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